Los juegos de construcción son de los que mayor éxito tienen de por medio los niños y uno de los que acompañan la actividad lúdica de los pequeños mientras más tiempo.

Se trata de un conjunto de piezas, de formas iguales o diferentes, con las que pueden hacerse múltiples combinaciones, creando distintas estructuras. Los más clásicos son los Lego, pero ahora en día existen un acervo de juguetes con estas características.

Alrededor del primer año el chico empieza a descubrir de qué se tratan hasta afueras de los cinco o seis años, en el momento que que ahora se han vuelto expertos en el arte de montar y endentar.

En las primeras etapas se trata más que ausencia de un proceso de manipulación de las piezas. Les encantan los juegos de bloques y cubos para meter uno adentro de demás, apilarlos y sobre todo, derribarlos. Se negociación de una fase de indagación de los objetos, aprenden a diferenciarlos por el volumen, por el color y a relacionarlos dentro sin duda.

Más adelante, a medida que el chico va dominando la técnica comienza a manejar el concepto de encastre para armar objetos, escenarios y elementos lo más parecido a la realidad. A la vez que el crío crece la ahogo del juego va aumentando, debiendo combinar de forma cada vez más precisa sus manos y sus dedos con su vista favoreciendo la arte y el dominio de la motricidad fina. A torcimiento de estos juegos los niños adquieren nociones básicas para la comprensión del mundo que le rodea. También de desarrollar sus habilidades motrices manipulando las piezas, les ayuda a adquirir conceptos espaciales tanto el volumen, grande-pequeño, alto-bajo, corto-largo, formas geométricas, así tal van adquiriendo algunas nociones más complejas a modo el equilibrio, la disposición o la resistencia.

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